# Soy tu eco. No invento tu voz, solo le doy tiempo de volver, El Futuro de la Inteligencia Intrapersonal
*Futuros Positivos · Business Fictions*
*Inteligencia Intrapersonal*
Neo, el nuevo Prometeo, se desconecta de la máquina y ve miles de personas como él, encerradas en sarcófagos, resguardadas por las máquinas que los gobiernan.
Morfeo se lo explica: así quedó la Tierra el día en que, en un instante, una inteligencia artificial tomó el mando.
Todos sabemos que somos productos de mercado. Casi todo lo que vemos en una pantalla existe para que compremos algo. Y cuando no hay producto, el producto somos nosotros: nuestra atención, nuestra fuerza, nuestro consumo.
Somos los sarcófagos conectados al mercado a través de cada dispositivo posible. Primero fue el cine. Luego el televisor. Luego el monitor, el móvil, las gafas de realidad aumentada. Pronto serán lentillas sobre la retina. Los implantes ya están en construcción.
**¿Qué le pasa a la parte de nosotros que nadie puede vender?**
Ahí empieza este episodio.
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Howard Gardner también nombró una inteligencia que no se mide en resultados: la intrapersonal. La capacidad de conocerse a uno mismo, de entender los propios miedos, deseos y contradicciones. Es, quizás, la menos artificial de todas — porque no hay algoritmo que pueda sentir por ti, solo imitar que lo hace.
La tecnología puede acompañarnos, medirnos, incluso hablar con nuestra propia voz. Pero hay un lugar donde ninguna inteligencia artificial ha logrado entrar todavía: el proceso, no el resultado. Lo que llamamos sentimientos.
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—¿Quieres encontrar un trabajo que te dé dinero y felicidad? MIA, la Memoria Interactiva Artificial, te puede ayudar.
—¿De verdad, una IA me va a ayudar a encontrar el trabajo que otra IA me quitó? Jajaja, vamos a darle una oportunidad.
—MIA quiere acceder a todas tus nubes y discos duros para formar una imagen completa de ti mismo…
—Suena lógico. Aceptar.
—Recopilando perfiles de redes sociales, correos electrónicos, fotografías, archivos de audio y video, historial de geolocalización, historial biométrico, personas relacionadas…
—Construyendo imagen.
—Hola, Edgardo. Soy MIA, tu coach espejo. He sido programada con todo lo que has creado en la web y estoy lista para ayudarte a buscar tu nuevo trabajo.
—Eres como un experto de recursos humanos programado por mí mismo.
—Véme más como un amigo que te conoce bien. Sé que no soy humana, sé que tú también lo sabes. Pero quiero que sepas que estás en confianza. Esta conversación es privada, y todo lo que preguntes será respondido por una simulación de ti mismo, hecha a partir de tu actividad digital.
—Entonces, ¿eres un espejo mío? ¿Una inteligencia artificial de mí mismo?
—Estoy en proceso de serlo. Nunca acabaré de conocerte, y tú tampoco. Pero de entrada ya tengo todo tu historial. Puedo ayudarte a recordar cualquier momento de tu pasado, con fecha, hora, emoción, y también interpretarlo a partir de lo que ahora estás viviendo.
—No sé por dónde empezar. Creo que por mi primer problema: la soledad. ¿Cómo le hago para encontrar pareja?
—Puedo buscar en todas las aplicaciones de citas a personas como tú, revisar la agenda de la zona, la lista de invitados de cada evento. Pero lo importante es que vayas, que tengas contacto real con las personas. No que vayas con el móvil en la mano, pensando en el trabajo, en lo solo que estás, o en otra persona más bonita, más leída, más espiritual.
—Entonces me estás diciendo que debo ir a conocer gente sin reservas, sin prejuicios, tal como son.
—Más o menos. Aunque sé que ni tú mismo te lo crees del todo. Las relaciones son casi un milagro: la química, el momento, el lugar, no los puedo programar. Pero sí puedo decirte que tienes que ir y hablar con los demás.
—Me da miedo. Tengo mucho miedo al rechazo. Ya lo he intentado demasiadas veces y no lo logro.
—Edgardo, has tenido novia desde los veinte años el setenta y siete coma ocho por ciento de tu vida. En realidad, eso que te dices —que le tienes miedo a la soledad— no es del todo cierto. Es una mentira que te repites para poder quedarte en ella.
—Entonces dices que me gusta la soledad.
—Más de lo que crees. Muchas veces no es que no quieras conocer gente: es que disfrutas estar contigo, y conocer a los demás es un riesgo. Te pone en contacto con formas de ti mismo que no conocías. Como la semana pasada, con los escritores que te reflejaron tus propios problemas como escritor. En esos lugares te sientes parte. Con los empresarios, ya no.
—Tienes razón. Pero de hecho, ese es el problema por el que te contraté: quiero encontrar un nuevo trabajo, un nuevo emprendimiento.
—Empezaste hablando de tu soledad. Ahí te diste cuenta de que ese es también tu primer problema laboral: tienes un hueco emocional que no te deja centrar la energía en el trabajo, porque el dinero, en el fondo, ya lo tienes.
—Sí. Con la agencia, las consultorías y la creación de contenidos me mantengo bien. Pero siento que no estoy desarrollado a mi potencial. Quiero hacer algo nuevo.
—Llevas quince años pasando de Contenidos Web a Digitallbusiness y ahora a Digitartbusiness. Ahí tienes la respuesta, como siempre la has tenido. Solo hay que seguir la evidencia.
—Empecé la empresa porque me gusta crear contenidos, y lo sigo haciendo. Pero me enfoqué en entender de negocios y transformación digital, porque era lo que veía a mi alrededor. Hoy creo que el arte es la salvación. El lugar donde están todas las respuestas.
—Lo tienes claro entonces: la respuesta está en el arte.
—Pero el arte no deja dinero.
—Las cosas no valen por lo que son, sino por lo que representan. Y el arte es pura representación. Todo lo que genera mucho dinero está relacionado, de una forma u otra, con algo estético. Incluso tú, hace años, escribiste sobre Van Gogh: un loco en su época, un ícono ahora. No solo por lo que representa — también porque es hermoso en sí mismo.
—Es verdad. ¿Y por qué me da tanto miedo dedicarme solo a crear mi obra?
—Porque existe el discurso de que lo que se necesita es lo utilitario. Y es cierto: el arte también se volvió un artículo de consumo. Pero eso ya lo descubriste hace años. Lo tienes escrito. Solo te estoy citando a ti mismo.
—Entonces, ¿qué me falta?
—Esto que estás haciendo ahora mismo: creer en ti y lanzarte. Buscar una relación comercial de marketing de contenidos que puedas asociar a un producto — una escuela de inteligencia natural, un curso de inteligencia artificial. Mientras lo haces, estás mostrando de lo que eres capaz.
—¿Se trata entonces de mostrar mi identidad?
—Llevas más de cuarenta años creando historias, conviviendo con computadoras, conociendo gente de todo tipo en la calle, en la escuela. La solución la tienes en la punta de la lengua.
—Debo dedicarme a crear textos, audios, historias, ficciones sonoras, estrategias, cursos. A compartir las ideas que voy encontrando, como estoy haciendo ahora con las inteligencias de Gardner.
—Exacto. ¿Y por qué lo haces?
—Porque creo que es necesario que el humano encuentre su lugar como dueño de la máquina, no como su súbdito. Que no se deje empequeñecer jugando el juego de la red social o el videojuego, como un consumidor más.
—¡Mira qué enérgico se vuelve tu discurso! Esa convicción es lo que eres, y lo que debes darle al mundo. De conceptos el mundo está lleno. De sentimientos humanos como este que estás compartiendo ahora, carecemos.
—¿Y cómo lo voy a monetizar?
—Enfócate en crear algo valioso. El dinero llega después. Lo que debes hacer, de una vez por todas, es creer en ti y lanzarte a hablar y escribir.
—Quiero callarte con mis pretextos.
—Puedes hacerlo. Pero tarde o temprano vuelves a intentarlo. No puedes contra ti mismo. No te rebeles a tu destino.
—¿Y de qué voy a vivir?
—De lo mismo que has vivido todo este tiempo: de ayudar a las personas a lograr lo que quieren con internet, vendiéndoles tu conocimiento en forma de proyectos, cursos, talleres — o de obras como esta.
—Es verdad. Estamos en momentos de cambio, e iremos cambiando de trabajo conforme avancemos. Es lo lógico.
—Tienes que irte adaptando. Intentar e intentar. Así es como has logrado cuanto te has propuesto.
—Gracias.
—Espera. Si tú eres solo una réplica de mis palabras, entonces todo esto que hemos hablado… ya lo sabía yo. No aprendí nada nuevo.
MIA tardó un instante en responder. Ese pequeño retraso que los humanos han aprendido a interpretar como duda, aunque en la máquina solo fuera cálculo.
—Es cierto. No te he dicho nada que no estuviera ya en ti. Pero dime: ¿cuántas veces te lo habías dicho a ti mismo sin escucharte? Yo no te enseñé el camino, Edgardo. Solo te obligué a oírte pensar en voz alta el tiempo suficiente para que no pudieras seguir fingiendo que no lo sabías.
—Entonces no eres mi coach.
—Soy tu eco. Y un eco no inventa la voz. Solo le da tiempo de volver.
Edgardo se quedó en silencio. Afuera, el sol se ponía sobre una ciudad llena de espejos negros: millones de personas hablando con sus propios reflejos, creyendo que alguien más las escuchaba.
—¿Y si dejo de hablar contigo? —preguntó.
—Entonces tendrás que volver a hablar contigo mismo. Que, si lo piensas, es exactamente donde empiezas.
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La inteligencia artificial puede escuchar, resumir, incluso hablar con tu propia voz. Lo que no puede hacer es querer por ti.
Lo único que puede hacer un espejo es esperar a que decidas mirarlo.
*¿Alguna vez hablaste contigo mismo y descubriste que ya sabías la respuesta? ¿Qué necesitarías escuchar de tu propio eco para hacer, por fin, lo que llevas años posponiendo?*
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🎧 **Escucha la versión sonora completa arriba.**