Encuentra tu propio ritmo, miéntale la madre al algoritmo, no dejes que la máquina tome el compás de tu corazón, deja que sea la razón la que te dé la dirección.
Deja de tomar consejos y expulsa largo tu aliento hasta que no te quede nada en los pulmones.
Vacía tu mente para que entre algo realmente.
Aliméntate de libros, de arte, de sensibilidad, de conceptos trascendentes, de momentos relevantes, de situaciones ejemplares, de sentimientos, de ideas, no de productos, ni de mierda.
Tú sabes más de lo que crees, tu gran termómetro es la sonrisa, te sigue de noche y de día, al final es lo único con lo que si te va bien terminas.
Confía en ti, en la musa, en el destino, en tu ritmo, no el puto algoritmo, ese algo solo desea ser consumido, su intención es que estés enchufado, no en darte realmente algo.
Decide tú ese algo, no dejes que los mensajes te atrapen, mantén una dieta correcta de ideas, mensajes, personas, conciencias, herramientas.
Despierta junto con la musa, juega con ella durante el día, compártela con todos los que te rodean y de noche únete a ella en ese abrazo celestial.
Nadie más lo puede hacer por ti.
Tu gran poder es el interruptor.
Cuida cada que toques una aplicación.
Está en juego tu emoción, que al final es lo único que en realidad posees y de lo que en realidad vives. Siempre.