# ¿Quién te va a dar amor, dónde lo vas a comprar?,

El eterno estudiante se puso las gafas de realidad virtual y entró en la simulación.

En el negro abismal de la pantalla apareció un punto de luz. Conforme se expandía, fue entendiendo dónde estaba: pupitres, adolescentes, una vasta colección de pantallas. Tablets, móviles, lentes de realidad mixta, los viejos visores de realidad virtual — y uno, el más adinerado del grupo, hasta con lentillas.

Un pizarrón digital al frente decía: «Emprendimiento 101».

**¿Puede una inteligencia artificial enseñarte a vender? ¿Puede enseñarte a ser querido?**

Ahí empieza este episodio.

Howard Gardner llamó interpersonal a la inteligencia que nos permite entender a los demás — sus emociones, sus motivaciones, lo que necesitan aunque no lo digan. Es, quizás, la más urgente de todas en un mundo donde cada vez hablamos más con pantallas y menos entre nosotros.

La inteligencia artificial ya sabe qué contenido nos mantiene enganchados. Lo que todavía no sabe hacer es lo que hizo un maestro en un aula, un día cualquiera del futuro: poner una mano sobre la mano de otro y preguntar qué necesita de verdad.

**I.**

—Buenos días —dijo el maestro.

Contestaron tres, de dieciséis alumnos: «hola», «buenos días», un «¿qué?».

—Soy su maestro de emprendimiento.

—¿Y eso qué es? —preguntó el único que parecía atento.

—Es la fórmula para hacer que el mundo funcione bajo tus reglas.

Le preguntó a la inteligencia artificial del salón qué estaban viendo los alumnos. Treinta por ciento veía contenido de moda. Otro treinta, cómo volverse famoso en YouTube. El resto, contenido de amor y sexo.

Entendió entonces que, para conectar con esta tribu cegada en la pantalla, tendría que ir directo al fondo del deseo humano.

—¿Quién de aquí tiene novia? —Silencio, risas, un «yo tengo dos», un «yo tengo un novio, una novia y un colectivo».

—¿Quién quiere ser millonario? —Manos arriba, una a una, hasta que casi todo el salón las tenía en alto.

—El camino para lograr esto es el emprendimiento —dijo el maestro.

—Ya lo sé, yo acabo de sacar mi criptomoneda y pronto tendremos millones —contestó un niño.

—Todo se trata de engagement. Publicar y publicar, volverte famoso, escuchar a tu audiencia y darles lo que desean —dijo otra.

Sonó la alarma. Sin despedirse, todos encendieron sus pantallas y salieron. Quedó solo, con una pregunta resonando: «¿Hay algo más?».

**II.**

Al día siguiente volvió a estar frente a ellos. Todos vestían distinto, pero nadie hablaba entre sí — solo el niño rubio, Lucio, parpadeaba con los ojos verdes como un cursor esperando indicación.

—Tú, el de las criptomonedas, Rickie. ¿Qué valor creas?

—¿Cómo que qué valor? Pues dinero.

—¿Y el dinero qué es?

—Con lo que compras cosas.

—¿Puedes comprar una amistad? ¿Una pareja? ¿Puedes comprar felicidad cuando estás muy triste?

—Pues sí, puedes comprar todo eso.

—El amor no lo puedes comprar. Tampoco una amistad. Tú crees que todo es el dinero porque estás vacío… —dijo Nina, la niña del pelo azul.

—¿Y tú qué tienes? Estás jodida y encima eres fea —le contestó Rickie.

Nina se paró y le dio un golpe.

—¡Fea y jodida tu puta madre!

El maestro corrió entre los dos. Rickie sangraba de la cara y prometía devolver el golpe.

—Tranquilos, tranquilos.

Todos los móviles apuntaban ahora hacia él. Por primera vez, tenía la atención completa del salón.

—Esto son valores. Rickie cree en el dinero. Nina, en la agresión. Pero seguro creen en muchas cosas más que no decimos, no sentimos, no nos damos cuenta de tener. Se los voy a demostrar. Tómense de las manos. Siéntense frente a frente. Mírense a los ojos.

Nadie se atrevía. El maestro tomó la mano de Lucio y la de Nina, y las unió. Fue haciendo lo mismo con todos.

—Ahora pregúntense uno al otro: ¿qué necesitas?

—¿Qué necesitas? —preguntó Lucio.

—Amor —contestó Nina.

—Pero si tienes muchos novios y novias.

—Necesito más.

—¿Y tú, Lucio, qué necesitas?

—Una amiga.

—Yo puedo ser tu amiga.

—¿Lo ven? —dijo el maestro—. Lo que necesitamos en el fondo no es dinero ni seguidores. Es amor y amigos.

Siguió, uno por uno: divertirme, ser feliz, seguidores — ¿para qué quieres seguidores? — para ser famoso — ¿y para qué quieres ser famoso? — para tener dinero. Un círculo que volvía siempre al mismo punto.

Cambió de pregunta. Empezó por el cuerpo.

—¿Qué necesitan tus pies?

—Zapatos. Calcetines. Descanso. Un pedicure.

—¿Tus piernas?

—Pantalones. Fuerza. Funcionar bien.

—¿Tu cabeza?

—Calma. Audífonos. Un mejor visor. Un nuevo peinado. Gafas. Inteligencia. Una cirugía plástica.

—¿Y quién va a hacer todo esto? Un influencer no puede hacer gafas, ni cirugías, ni curar enfermedades, ni zapatos.

—¿Tu cuerpo?

—Calor. Amor. Sexo. Ropa. Un techo.

—¿Y quién va a construir la casa? ¿Quién los va a querer? ¿Con quién se van a relacionar? Si todos hacemos contenidos y vendemos monedas, ¿quién va a hacer las cosas que queremos comprar?

Sonó la alarma. Todos volvieron a sus pantallas un segundo más tarde que la vez anterior. En su cabeza, el maestro seguía escuchando la misma pregunta: «¿Quién se los va a dar, dónde lo van a comprar?».

**III.**

Nueva simulación. La mejor lección de emprendimiento que podía darles era esta: ellos van a ser su propia empresa, y la primera que hay que dominar es el cuerpo, las emociones, el intelecto. Empezó un juego.

—Hay un concurso: cien mil dólares para quien resuelva cómo vivir de por vida con ese dinero.

—Yo en un viaje. Yo en estudiar. Yo invertiría en crypto. Yo abriría mi startup de videojuegos.

—¿Y usted qué haría? —lo desafió Rickie.

—Fundaría una escuela como esta, donde se aprenda a usar la tecnología para hacer cosas creativas, memorables, significativas.

Uno a uno, fue pidiéndoles no el resultado, sino el verbo detrás:

El niño escritor quería ser famoso — pero el verbo era escribir, promocionar. La niña que quería recorrer el mundo — el verbo era volar, editar, publicar. La niña en silla de ruedas quería ser doctora — el verbo era estudiar, investigar, operar. La niña tímida quería ser estrella de cine — el verbo era actuar. El niño que quería enseñar negocios — el verbo era estudiar, dar clases.

—Eso es. Verbos. Lo que necesitamos son acciones, no resultados. El dinero y la fama son consecuencia de acciones. ¿Cuándo empezarían a practicarlos?

—Ahora. Mañana. Cuando acabe la escuela.

Sonó la alarma de fin de clase. Por primera vez, nadie encendió la pantalla de inmediato. Estaban embelesados soñando en hacer y en ser, en lugar de en parecer.

GAME OVER.

De repente, un salón blanco. El eterno estudiante había olvidado que estaba dentro de un simulador de inteligencia interpersonal — nivel avanzado. En las paredes se proyectaron sus cuarenta compañeros de entrenamiento, de todo el mundo. Aplaudieron.

—¿Qué vieron? —preguntó el instructor.

—Una multitud apática que de repente se entregó a un sueño. No sé cuánto fue la simulación y cuánto lo logró de verdad.

—Tuviste ayuda: la pelea entre los dos niños fue un punto crucial. Pudo ser una campal, o suspenderse la clase con un golpe más.

—De verdad me dio miedo. No el golpe — lo que se decían. Me sentí herido de que vieran el mundo así, y decidí ponerme en el centro y hablarles desde el corazón.

—Eso es justo lo que se necesita para esta inteligencia: escuchar con el corazón, no separarse de los demás. Otro acierto: los hiciste tomarse de las manos.

—Creo que eso es lo que hace falta: contacto físico, sentirnos. La pantalla nos aleja.

—Es imposible simular toda la realidad, pero pudimos hacer que sintieras el tipo de empresa que quieres tener. Te pusimos a practicar el verbo, como tú a tus alumnos. ¿Qué más viste?

—No podía dejar de ver a mis propios hijos sentados en ese salón. Es lo que voy a hacer al llegar a casa: jugar a ser grande.

—«Jugar a ser grande.» Qué gran frase. Es lo que todos deberíamos hacer: jugar a ser pequeños otra vez, para imaginar de nuevo el trabajo de nuestros sueños.

La inteligencia artificial ya sabe qué contenido nos mantiene mirando la pantalla un segundo más. Lo que todavía no puede hacer es tomarnos de la mano y preguntarnos qué necesitamos de verdad.

Puede que esa siga siendo, durante mucho tiempo, una tarea exclusivamente humana.

*Si alguien te tomara de la mano ahora mismo y te preguntara qué necesitas, ¿tu respuesta sería un resultado — dinero, fama, seguidores — o un verbo?*

🎧 **Escucha la versión sonora completa arriba.**